La política de privacidad de Apple comienza a erosionar a sus competidoras

“En Apple creemos que la privacidad es un derecho humano fundamental”, dijo el CEO de la compañía, Tim Cook, este verano en la conferencia de desarrolladores que organizan anualmente. La tecnológica ha hecho bandera de su política de seguridad y protección de los datos de los usuarios, que contrapone al afán de otros de centrarse en “convertir a los clientes en el producto”. Cook apuntó directamente a Alphabet, matriz de Google, hace dos días en un evento organizado por The New York Times, donde dijo que quienes quieran salir del entorno de protección de la App Store, la tienda de aplicaciones de Apple, y descargarse apps no filtradas por ellos es mejor que usen un teléfono Android, que ya lo permite. “Sería como fuéramos una marca de automóviles que sugiriera a los conductores que no pusieran airbags y cinturones de seguridad”, añadió el ejecutivo.

Los controles a los que somete la App Store a las aplicaciones que allí se ofertan es una de las características más valoradas de Apple. Pero la compañía sacó este año otra medida con efectos directos sobre sus competidoras. El sistema operativo móvil iOS incorporó en su versión 14.5, lanzada en abril, una novedad importante: cuando el usuario entra por primera vez en una aplicación se le pregunta si quiere que esta le pueda rastrear en la red. Si dice que no, se dejan de transferir datos sobre su actividad en esa y otras aplicaciones, información que antes se facilitaba por defecto. La medida fue aplaudida por expertos y activistas, que la vieron como un avance significativo en aras de la defensa de la privacidad de los internautas, cuya huella digital es fiscalizada por un sinfín de empresas.

Pero la App Tracking Transparency (así llamó Apple a su nueva funcionalidad) no agradó tanto a algunas tecnológicas. Porque muchas aplicaciones viven precisamente de explotar los datos que recogen de sus usuarios. Facebook quedó señalada como una de las grandes perjudicadas. Desde la compañía jamás negaron que la medida tuviera efectos en su negocio: iOS 14 beneficia solo a Apple a costa de pequeñas empresas y creadores, explican fuentes de la tecnológica. Aunque dicen que ya notaron su impacto en el segundo trimestre y, sobre todo, en el tercero, en Facebook (ahora Meta) no le habían puesto cifras al descalabro. O al menos no de puertas afuera.

El Financial Times publicó la semana pasada una estimación de cuánto están costando los noes a ser rastreado de los usuarios de iPhone. Según estimaciones de la compañía de publicidad digital Lotame citadas por el rotativo británico, Facebook, Snapchat, Twitter y YouTube habrían dejado de ingresar unos 10.000 millones de dólares por culpa de la App Tracking Transparency. Según la misma información, de esa cantidad unos 8.300 millones le corresponden solo a Facebook. Preguntada por EL PAÍS, la compañía prefiere no hablar de cifras. “Creo que lleva al menos un año reconstruir la infraestructura necesaria” para adaptarse a la nueva coyuntura, sostiene un consultor tecnológico citado por el periódico financiero.

Desde Facebook sostienen que no han perdido el tiempo. Han desarrollado soluciones, dicen, como por ejemplo anuncios que se muestran en la web de un negocio o en su página de la red social, dependiendo de dónde se calcule que vayan a tener más impacto. La directora general de operaciones de Meta, Sheryl Sandberg, dijo a propósito de iOS 14 que los cambios que introduce en los iPhone, un modelo de teléfono especialmente popular e Estados Unidos, significa que “la precisión de nuestros anuncios dirigidos disminuye, lo que aumenta el coste para los anunciantes de sacar resultados con su publicidad”.

El propio Mark Zuckerberg, CEO de la compañía, hizo alguna mención velada a iOS 14 en su presentación (o gran producción audiovisual) en la que detalló su proyecto del metaverso. Por ejemplo, al decir que en los últimos años había sido muy aleccionador competir contra otras tecnológicas. “Recuerden, [Zuckerberg] no se siente humillado por el problema de la desinformación rusa, por la propagación de desinformación antivacunas o por el desafío de cómo afecta Instagram a la imagen que los adolescentes tienen de sus cuerpos. No, él ha aprendido con humildad lo difícil que es pelear contra Apple y Google”, escribió a propósito de ello Ethan Zuckerman en The Atlantic.

El historial de Apple en lo tocante al respeto de la privacidad no es impoluto. La compañía anunció en agosto que para finales de año tendría en marcha un sistema automático que revisaría los contenidos audiovisuales subidos desde iPhones e iPads en busca de material pederasta. En línea con lo que ya viene haciendo Google, que revisa los archivos subidos a Drive, la intención de la empresa de Cupertino era cruzar el hash (una especie de matrícula de los archivos comprimidos) de los contenidos subidos a la nube de la compañía (iCloud) con los de de una lista de materiales ya identificados por las autoridades como pedófilos. Cuando saltara una coincidencia y tras revisarlo un empleado, en caso de considerar que los contenidos son censurables, se procedería a suspender la cuenta de Apple del usuario y se avisaría a las autoridades.

La noticia no sentó bien entre los defensores de la privacidad digital. Aunque los objetivos eran legítimos (¿quién puede estar en contra de combatir a toda costa la difusión de contenidos pedófilos?), una vez abierta la puerta a observar qué pasa dentro de los teléfonos nadie podía estar seguro de que esa fiscalización no se pudiera usar en un futuro con fines más perversos.

A mediados de agosto, decenas de organizaciones escribieron una carta abierta a Tim Cook para que rectificara. “Aunque estas funciones están destinadas a proteger a los niños y reducir la propagación de material de abuso sexual infantil, nos preocupa que se utilicen para censurar el discurso protegido, amenazar la privacidad y la seguridad de las personas en todo el mundo y que al final tengan consecuencias desastrosas para muchos niños”, señalaban los grupos en la carta.

El revuelo que causó el anuncio fue tal que la compañía no tardó en suspender su decisión. Un mes más tarde, en septiembre, Apple dijo que congelaría la medida hasta tener un estudio más pormenorizado del impacto de su iniciativa.

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