iPad Air (2022), análisis: más Pro que nunca

Apple sólo hablaba de ordenadores en la anterior transición de arquitectura PowerPC a Intel. El famoso “consumo por vatio” al que Jobs ponía foco para explicar el paso adelante y el cambio de proveedor estaba centrado casi exclusivamente en poder conseguir un portátil PowerMac que igualara (o superara) en potencia al IBM G5 de la época.

Está claro que la aproximación en esta transición comparte esta base (de hecho, es uno de sus puntos fuertes y casi el diferencial respecto a su competencia): ofrecer una potencia mucho mayor pero con un consumo muy contenido, perfecto para los dispositivos móviles de la época actual. Perfecto para un teléfono como el iPhone, o una tableta como un iPad.

De hecho, este nuevo iPad Air de quinta generación actualiza precisamente algo que a Apple le está funcionando muy bien: tener un chip tan potente y versátil como el M1, que puede suministrar potencia a un portátil, a un ordenador de escritorio o un dispositivo como éste. Esto permite a la compañía ahorrar en costes de diseñar un chip específico por dispositivo, teniendo uno que permite esta potencia y este ahorro ahorro en consumo como la base de su diseño. En la práctica, tenemos un iPad Air con más potencia que nunca, con un salto mucho más amplio que cualquier paso generacional anterior.

Para esta generación, Apple mantiene exactamente el mismo diseño que ya conocíamos en el iPad Air (2020), muy similar al que estrenábamos en el iPad Pro (2018) y que tan bien le sentó cuando lo vimos en este modelo. Visualmente, la diferencia es una pequeña variación de colores respecto a los originales de hace dos años y pasamos de gris espacial, plata, oro rosa, azul cielo y verde a gris espacial, blanco estrella (un tono más pastel que el plata), rosa (algo menos saturado en color), púrpura y azul (el modelo de este análisis, que personalmente me parece uno de los más bonitos – un color muy vivo que resalta la forma del producto).

Por lo demás, es prácticamente idéntico estéticamente a la generación anterior en dimensiones. Sobre el papel, el nuevo modelo pesa 3 gramos más en el modelo WiFi y 2 gramos más en el modelo WiFi + Celular – aunque evidentemente no se aprecia en mano. En proporciones, estas 10,9 pulgadas son muy cómodas – en mi opinión, el equilibrio perfecto entre tamaño y portabilidad – y es dificil diferenciarlo al iPad Pro de 11″.

La pantalla en el sentido estricto es idéntica en todos sus aspectos a la del iPad Air (2020), manteniendo la Pantalla Liquid Retina, con la misma resolución de 2360 x 1640 a 264pp. Un brillo máximo de 500 nits (en el iPad Pro encontramos la misma pantalla, pero de 600 nits), laminación integral, pantalla True Tone P3. La gran diferencia respecto a los iPad Pro de la actual generación (y de la anterior) es la pantalla ProMotion del hermano mayor (hasta 120Hz) que sí que aporta una gran diferencia en el funcionamiento y suavidad de la interfaz de iPadOS – además de contar con tecnología mini-LED, mientras que en este iPad Air se mantiene el panel IPS.

En definitiva, esta nueva generación sigue hablando en los mismos términos de diseño que el modelo anterior y sigue funcionando: la pantalla no es la Liquid Retina XDR de los Pro pero éste es precisamente uno de los cambios que ahora marcan la diferencia con el hermano mayor ahora que comparten chip M1. En mano y en el día a día el iPad Air continúa contando con uno de los mejores diseños en las tabletas actuales, manteniendo la calidad en materiales y acabados de la marca.

Si algo ha dejado clara la pandemia de COVID-19 es que la necesidad de utilizar la tecnología para comunicarnos es esencial. Para ello, la telepresencia ya no debe considerarse un extra en ningún dispositivo actual y aunque tradicionalmente Apple no le haya dado la importancia a la cámara frontal como se merecía, parece que – sobre todo – 2020 ha cambiado de estrategia. Las nuevas cámaras en los modelos como el iMac M1 (2021), o los iPad Pro (2021) han mejorado y mucho esta sensación, y utilizarlos para teletrabajar desde cualquier lugar, o simplemente estar en un contacto más directo con familia y amigos es ahora mucho mejor gracias a la mejora en la cámara frontal.

Este iPad Air se equipa ahora con la misma cámara de 12 Mpx que montan estos dispositivos, con la diferencia al no contar con Face ID del sistema de cámaras TrueDepth para el modo retrato en frontal. Con lo que si contamos es con Center Stage, una de esas características que no sabes que amas hasta que no las utilizas. Permite que el iPad Air tenga un encuadre mayor pero centre el área de visualización donde detecta – gracias al Neural Engine – que hay una persona hablando.

Funciona exactamente igual que en el iPad Pro de la generación actual, y es muy útil sobre todo en comunicaciones más informales en las que podemos seguir una conversación mientras cocinamos y nos movemos por la estancia, por ejemplo. En cualquier caso, la mejora en resolución también se agradece y el M1 se encarga además de procesar y mejorar la imagen. Ambas cosas son muy bienvenidas en un producto como este que está destinado tanto para el consumo de ocio como de trabajo, por su potencia.

La cámara trasera es idéntica a la de la generación anterior del iPad Air (2020) en todos los aspectos (misma lente Gran Angular también de 12 Mpx), misma apertura de ƒ/1,8… por lo tanto, en este sentido nada que destacar más que sigue cumpliendo su función en un dispositivo como éste: escanear documentos, tomar fotografías casuales y poco más. Quien busque algo más complejo en lo que utilizar la cámara, como el mapeo de interiores para arquitectura o la conversión de objetos reales en mallas 3D, debería optar por el iPad Pro y su escáner LiDaR. Aún así, tal como vimos en el modelo anterior, se consiguen muy buenas tomas para quienes necesiten obtenerlas directamente desde el dispositivo.

La inclusión del chip M1 de Apple en dispositivos que van desde el Mac mini, MacBook Pro, MacBook Air hasta incluso este iPad Air puede desdibujarnos la idea de la tremenda complicación técnica que es implementar un chip tan potente pero tan versátil que sea capaz de funcionar tanto en escritorio como en una tableta. Esto significa que el diseño del propio M1 – y probablemente el propio diseño base de cualquier chip Apple Silicon – está pensado para poder ser usando en diferentes dispositivos teniendo siempre en cuenta sus casos de uso.

Sinceramente, quizás no nos esperábamos ver un M1 fuera de los iPad Pro, reservando quizás para ellos la gama “alta” de procesadores de la casa, lo cual nos puede indicar dos cosas: Apple va a seguir subiendo la cadencia de rendimiento/eficiencia y lo que tiene preparado para los iPad Pro posiblemente se materialice cuando lleguen los M2 (los veo más candidatos a ellos ya que los M1 Pro y M1 Max necesitan mejor refrigeración activa).

Sea como fuere, este iPad Air acaba de desmarcarse (y por muchísimo) de cualquier competencia que intente acercarse no solo en potencia, también en seguridad gracias al ecosistema y la cantidad de aplicaciones diseñadas para ser utilizadas en un iPad cuyo número continúa aumentando a cada momento. Pero también se sube a la liga de los hermanos mayores en cuanto a potencia sintética, que podemos contextualizar con los datos que nos ofrece Geekbench 5:

Si comparamos con los números que teníamos con el modelo de 2020, la mejora en cores (pasamos de 6 del chip A14 a 8 del chip M1) se traduce en una mejora importante que casi dobla el rendimiento al multiplicar la potencia de los núcleos (a pesar de no se una operación lineal). Es prácticamente idéntica por ejemplo a lo que vimos en el análisis del Mac mini M1 (2020), por lo que tenemos una potencia de un ordenador de escritorio, en nuestras manos y con un diseño increíblemente delgado.

Esta potencia en el iPad Air se notará especialmente cuando utilicemos aplicaciones con alta carga gráfica, como aplicaciones donde se utilicen operaciones matemáticas complejas para transformaciones o filtros, conversiones, codificaciones… La ventaja tal y como ya hemos comentado en otras revisiones de productos con el chip M1 es que se utilizan descodificadores específicos para vídeo que descargan a la CPU principal de esta tarea, y pueden ser aún más rápidos de lo que cualquier test sintético nos muestre.

Tampoco olvidemos que el iPad Air ahora cuenta con el Neural Engine de 16 núcleos, lo cual es una herramienta perfecta para aplicaciones como Pixelmator, capaces de utilizar los mecanismos de Machine Learning como aceleradores de tareas como el recorte de personas de una imagen, o la identificación de objetos de forma sencilla.

En mi opinión, ahora quien debe pisar el acelerador es iPadOS: la inclusión de los M1 en los iPad debe obligar a Apple a meter una marcha más, ofreciendo algo realmente diferencial en estos modelos. Por ejemplo un sistema de multitarea real, escritorios extendidos y una nueva aproximación por parte de los equipos de desarrollo de las grandes marcas que deben mirar los iPad M1 no como una versión reducida de los ordenadores de escritorio, sino como una ventana diferente a la propia potencia que ofrecen con nuevas posibilidades. No se trata de recortar las apps que todos conocemos, sino de adaptarlas para aprovechar al máximo el lienzo táctil con el tremendo rendimiento que ofrecen.

Los juegos tampoco se deben quedar fuera de esta puesta al día, y es que curiosamente los iPad están siendo un terreno muy prolífico para el aterrizaje de algunos “triple A”. Sin ir más lejos, en Reddit existe un fabuloso hilo con la lista completa de juegos de alta demanda, tradicionalmente de ordenadores de escritorio o consolas, que se han convertido de forma directa – sin ser versionados o reducidos – al iPad aprovechando las últimas tecnologías gráficas.

Me gustaría destacar uno de esa lista (y echad un vistazo que ahí hay joyas), el magnífico Alien: Isolation, una versión prácticamente idéntica a la que se vio en otras máquinas, que se puede jugar con control pad pero que además ha sido adaptada a la interfaz táctil en caso de que nos pille sin ningún mando cerca. Quienes lo prueban quedan encantado con la conversión, que en el M1 brilla con algo más de soltura, y que además incluye los siete contenidos descargables del título. Un imprescindible si queréis tener en la recámara un buen juego de la mítica saga que luce más espectacular que nunca en este iPad Air.

Otro aspecto importante a destacar de que ahora un iPad como este Air tenga un chip M1 es el propio diseño unificado de la arquitectura es que de base cuenta con 8GB de RAM (el doble que en el modelo anterior). A pesar de que la RAM nunca ha tenido un peso concluyente en los dispositivos con iOS o iPadOS, debido a la cohesión del ecosistema entre software y hardware, en este iPad Air puede ser un punto a favor: las aplicaciones, juegos y cualquier contenido la utilizarán como la memoria de intercambio que es y la memoria unificada para que las aplicaciones no necesiten refrescar el contenido del disco duro, lo cual da aún más sensación de velocidad en el día a día.

En capacidades se mantienen las que ya teníamos en el modelo anterior, empezando con 64GB desde 679€ (849€ con 5G), y 256GB por 849€ (1019€ con 5G). La puesta al día en esta generación también incluye la actualización de la antena y ahora es compatible con las redes 5G por debajo de los 6 Ghz, para quien necesite estar completamente conectado con él sin depender de una conexión con el iPhone, además del resto de avances que también traía la generación anterior, como WiFi de sexta generación.

A nivel de conectividad física, se ha mejorado el puerto USB-C, que sin ser Thunderbolt como en su hermano mayor el iPad Pro, ha duplicado su ancho de banda hasta los 10Gbps. Al usarlo en el día a día, notaréis una clara mejora en cuanto a velocidad de transferencia con discos duros externos – sobre todo en archivos grandes y con velocidades sostenidas. También permite conectar un monitor externo de hasta 6K, que servirá como escritorio espejo o secundario en aplicaciones como Netflix, iMovie o similares – al menos hasta que una futura versión de iPadOS nos ofrezca un uso real como monitor extendido como comentábamos anteriormente.

A nivel de batería, se mantienen los números exactos que vimos en la generación anterior – incluso los mejora en ciertas condiciones, gracias sin duda a la eficiencia energética de los M1 – y que nos permite utilizar este iPad Air prácticamente durante una jornada de 12 horas, olvidándonos del cargador (siempre teniendo en cuenta los diferentes usos que podemos darle).

Si un iPad es una tableta perfecta para recomendar a cualquiera que nos pregunte, este iPad Air es sin duda la mejor y más equilibrado que se puede encontrar para quien quiera usarlo en su día a día, pero también busque trabajar con ella: desde edición de fotos, sonido o su uso con el Apple Pencil de segunda generación que continúa funcionando magníficamente con él. Ahora además gana más valor si lo usamos al lado de un Mac gracias a Control Universal, una de las mejores nuevas características de los últimos sistemas operativos recién lanzados. Si lo combinamos con el Magic Keyboard que además le aporta ese extra de maniobrabilidad si lo utilizamos como herramienta de escritura, es probablemente una de las mejores generaciones del Air en el sentido de que no se deja nada pendiente: cada aspecto de este modelo ha sido mejorado y se sitúa en un sitio cómodo entre el iPad básico y el iPad Pro. Eso sí, es más Pro que nunca.