He probado el Apple Watch Series 6 contra un pulsioxímetro de dedo durante una semana: contrastamos con médicos su uso

La llegada del Apple Watch Series 6 ha traído consigo uno de los sensores más rumoreados de estos últimos meses: la medición del nivel de saturación de oxígeno en sangre, un parámetro sobre el que podemos no conocer demasiado si no hemos tenido que controlarlo antes por algún motivo de salud. Conocerlo es muy importante, ya que puede servir como signo del estado general de salud del paciente, o para detectar diversos problemas que se deberán consultar médicamente con más detalle.

Para poder probar a fondo si el sensor del Apple Watch Series 6 es fiable y conocer de paso todo esta terminología y qué significa para el usuario, me he tomado muestras a mí mismo durante toda la semana, junto a un pulsioxímetro de dedo como el que usa habitualmente en las consultas médicas. Además, he contactado con varios expertos médicos con los que he compartido mis resultados y mediciones, además de contar con su asesoría para la realización de este artículo – a quienes les agradezco profundamente su colaboración y sus valiosas aportaciones. Pero para entender la importancia de todo esto, comencemos por el principio.

Las investigaciones de Krogh comenzaron en Groenlandia, en la primera década del siglo XX. Él fue un erudito fisiólogo danés, que llegó a ganar ni más ni menos que el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1920 por sus trabajos sobre la fisiología de la respiración y de los vasos capilares. Krogh, junto con la ayuda de su mujer Marie Krogh (otra científica renombrada de la época) desarrolló primero un microtonómetro que medía la tensión del oxígeno y del anhídrido carbónico en la sangre arterial. Sin embargo, sus investigaciones posteriores se encaminaron hacia las actividades funcionales de los vasos capilares.

Gracias a estas investigaciones, en 1918 Krogh fue capaz de desarrollar un proceso por el cual podía medir la oximetría en pulso durante la Primera Guerra Mundial. En aquel momento era crucial conocer esos límites en los pilotos, ya que indicaba hasta que altura podían volar en las batallas aéreas. En aquel momento, la tecnología para hacerlo no era sencilla y la precisión no era muy alta, pero fue suficiente para conocer los márgenes aceptables entre los que moverse.

El mérito de la invención del pulsioxímetro moderno es en su mayoría, del ingeniero japonés Takuo Aoyagi, que en 1971 descubrió una forma muy precisa de eliminar el “ruido” que ocurre durante la medición del pulso, basándose en la idea de cómo las pulsaciones arteriales cambian el color de la sangre y la forma en la que se absorbe la luz roja contra la luz infrarroja. Utilizando el radio de absorción de esta luz roja e infrarroja, se sentaron las bases del primer oxímetro de pulso tal y como lo conocemos.

La saturación de oxígeno (SpO2) es una medida de la cantidad de oxígeno que se une a la sangre cuando el corazón bombea, y que es repartida por todo el cuerpo. Esto hace que todas nuestras células tengan el oxígeno necesario para su metabolismo y correcto funcionamiento. Estos valores (medidos en porcentaje, cuanto más alto, más SpO2) tienen unos márgenes a partir de los cuales se garantiza que todas las células tengan la cantidad adecuada de oxígeno. Cuando este valor está por debajo del 90%, se produce la denominada hipoxemia. “Por la noche es normal que la saturación baje un poco con respecto a cuando estamos despiertos, pero nunca por debajo del 90%”, me explica uno de los médicos consultados.

La hipoxemia puede ser causada por muy diversos factores, por ejemplo la reducción de oxígeno inhalado en altitudes altas (de ahí el interés de Krogh en medir este valor en pilotos), ciertas enfermedades coronarias o pulmonares (como la COVID-19) o un trastorno tan común como la apnea del sueño. En este último caso, la respiración se interrumpe o se hace muy superficial: pueden durar desde pocos segundos a minutos y llegan a ocurrir más de 30 veces por hora.

“Las personas que tienen apnea obstructiva del sueño suelen ser roncadores que de vez en cuando durante el sueño dejan de respirar porque se les colapsa la vía aérea por diferentes motivos. Entonces, se medio-despiertan al bajarles la saturación de oxígeno, se les abre de nuevo la vía aérea, les sube la saturación y vuelven a quedarse dormidos”. Uno de los médicos consultados me alerta de que el problema es que el paciente puede no ser consciente: “Todo esto puede pasar sin que se den cuenta de forma consciente de que se han despertado. Esta enfermedad además se relaciona con hipertensión, obesidad y cansancio crónico (gente que no descansa bien por la noche). Creo que ahí sí que podría ser interesante tener un dispositivo que durante la noche monitorice la saturación de oxígeno, y quizás pudiera servir como ‘screening’ para esta enfermedad.”

Todos los médicos consultados son concluyentes: la única forma precisa al 100% de tomar esta medición es mediante una gasometría, obtenida a partir de la extracción de sangre arterial, habitualmente desde la arteria radial. “Lo normal es sacar un tubo, taparlo y llevarlo corriendo a analizar (hay que analizarlo rápido, en unos minutos, para que la medición sea fiable). En algunas situaciones muy específicas, como algunas veces en quirófano o en unidades especiales, como la UCI, puede hacerse una monitorización continua de gases en sangre de este tipo, pero no es habitual.” Sin embargo, esta técnica se suele realizar en pacientes con enfermedades pulmonares, o cómo me comenta un médico consultado, cuando hay que medir la dosis de oxígeno sin margen de error en plena terapia respiratoria y se requiere una precisión directa.

Pasando a los dispositivos, la forma más habitual de tomar una medición del SpO2 es el pulsioxímetro o saturómetro de dedo. Es un sistema no invasivo (nada de agujas, gracias) que pinza el dedo desde la uña hasta la yema y, a través de luz polarizada lanzada de un extremo a otro, se mide el grado de oxigenación de la hemoglobina cuando se recibe por el fotodiodo colocado en lado opuesto. Estos son los oxímetros de última generación que se utilizan desde 1981 en la práctica clínica y es como el que he estado utilizando yo esta semana a la vez que el Series 6. Estos dispositivos son muy utilizados por su rapidez, comodidad y fiabilidad – ya que la punta de los dedos y los lóbulos de la oreja con las partes del cuerpo más capilarizadas y donde más fácil se puede hacer esta medición.

El Apple Watch Series 6 utiliza otra técnica distinta a esto, que se emplea de forma similar en otros oxímetros de muñeca: el cristal trasero del reloj se ilumina con luces LED rojas y verdes, y proyecta una luz infrarroja en la muñeca. Después, los fotodiodos integrados miden la cantidad de luz reflejada, utilizando diferentes algoritmos para calcular el color de la sangre dado por la oxigenación de la hemoglobina. Ambas técnicas, la del pulsioxímetro de dedo y el de muñeca suelen no ser idénticas debido como hemos comentado a la diferencia de capilarización en muñeca y dedos. Sin embargo, uno de los médicos me señala que hay estudios indicando que la saturación de oxígeno en el dedo y muñeca son equivalentes, siempre manteniendo un margen de error que tiene que ser menos del 3% de variación entre las muestras de la misma toma.

Para poder determinar el margen de error con el que trabaja al Apple Watch Series 6 contra un pulsioxímetro de dedo con licencia en la CE (que son el estándar de medición de estos valores) me he tomado un muestreo durante los últimos cuatro días, por la mañana, tarde y noche. Con ambos dispositivos a la vez, para anotar la hora, sus valores y poder extraer la variación. Todas las fotos de cada una de las mediciones las tenéis en la galería de imágenes que os adjunto aquí mismo:

Para una toma adecuada de estos valores – y que tuve en cuenta durante todas las muestras – seguí las siguientes condiciones: medición sentado en reposo, con el brazo sobre la mesa. Los médicos además me explicaron que los esmaltes de uñas o tatuajes pueden interferir en los fotodiodos que capturan la luz (no es mi caso). Estos fueron los resultados:

Para tomar cada una de las medidas no hubo más preparación que activar la aplicación de oxígeno en sangre en el Apple Watch y el pulsioxímetro. Como veis hay valores más bajos a comienzo de la semana que se van incrementando a medida que avanzan los días, pero de forma pareja en ambos dispositivos lo que indica que ambos detectan dichas variaciones. El mayor incremento en estos días entre el Apple Watch y el pulsioxímetro ha sido del 1%, que cumple con el nivel de precisión según el artículo médico mencionado antes (deberían estar por debajo del 3% según el cálculo del estudio).

Después de probarlo en primera persona, en mi opinión el Apple Watch Series 6 obtiene valores válidos y equivalentes contra un instrumento como un pulsioxímetro, que ofrece algo más de precisión debido a la zona donde se toman las muestras y que puede servir para tener un contexto más claro de nuestro estado de salud. Es incluso recomendable – como nos ha comentado alguno de los médicos consultados – llevar un dispositivo como el Apple Watch Series 6 que nos tome muestras aleatorias para detectar estos problemas asintomáticos que podrían ocurrir, si por ejemplo una persona sana como yo baja el SpO2 del 90% causándome una hipoxemia asintomática o para alguien que sufra apnea del sueño.

Para acabar este artículo me gustaría destacar que ninguno de los dos productos son dispositivos médicos en el sentido que ninguno es válido para dar el diagnóstico de ninguna enfermedad. Sólo son instrumentos que nos sirven para cuidar de nuestro bienestar y forma física: si en algún momento detectamos algún signo que nos alerta, debe ser en todos los casos contrastado y consultado profesionalmente con un médico de forma inmediata. ¡Cuidaos!