AirPods Pro, análisis: más ciencia ficción para el día a día

La llegada del iPod supuso algo más que la formalización de la música en nuestra vida cotidiana – siguiendo la estela del famoso Walkman de Sony, su antecesor natural. Fue la llegada de ella a todas partes: lejos de los grandes altavoces, o sistemas de sonido caseros. Andar por la calle con auriculares era algo que antes de estos dispositivos era algo todavía “raro”.

Cuando compré mi primer iPod, el vendedor de la tienda me decía que todo aquello sería una moda pasajera, ya que “la gente no suele ir con estas cosas por la calle”. Lo compré en Madrid, en uno de tantos grandes almacenes donde hoy en día la sección de discos físicos se ha reducido a más de la mitad. La música digital se impuso y los servicios streaming han hecho el resto. Hemos pasado por cassettes, CDs, mil canciones en nuestros bolsillos. A 50 millones en nuestros oídos.

La publicidad del iPod no se centró en el dispositivo, sino en un icono que fue traspasando toda una generación: los auriculares blancos de Apple. Hoy no sorprenderían a nadie – costaría distinguirlos – pero antes era una seña de identidad que diferenciaba a los locos que se gastaban 300 euros en un reproductor musical de MP3 con un aspecto un tanto diferente. Aquellos auriculares eran importantes porque eran nuestra conexión con la música: hoy son esenciales porque son parte de un nuevo modelo de relación con el mundo digital, una nueva interfaz.

Los AirPods en concreto sentenciaron la apariencia del auricular inalámbrico completo. No compartían un cable ni siquiera entre ellos, y el estuche de carga era particularmente útil. No fueron los primeros pero la forma de entender cómo debía ser esta nueva generación sin cables cautivó pronto a todo el mundo: sobre todo a la competencia, que se apresuró a sacar sus propios modelos similares para entrar en el juego.

A finales de 2016 se convirtieron sin duda en uno de los lanzamientos más importantes de la compañía, pero todavía era “raros”. Me acordaba mucho cuando empecé a probar la primera unidad de prueba que me prestó Apple y nadie los conocía aún: “nadie va por la calle con esas cosas”, me vino de nuevo a la cabeza. La gente miraba extrañada y, sinceramente, creo que todos los early-adopters nos sentimos un poco raros en aquellas primeras ocasiones.

Su popularidad se encargó de normalizar la situación. Los nuevos auriculares inalámbricos de Apple se convirtieron en un superventas tan potente que incluso superó a la demanda de fabricación, algo que sin duda enciende todos los focos sobre un producto cuando justo sale al mercado por primera vez. Seguro que incluso conocéis a alguien con Android que también los usa, de nuevo un gran indicativo de su éxito cuando traspasa plataformas.

Hace unos meses, la compañía iteraba su propio concepto ofreciendo un modelo con un nuevo chip diseñado exclusivamente para la gestión de auriculares inalámbricos, el H1. Lo acompañaba la base de carga inalámbrica y todos los llamamos AirPods 2 aunque en realidad era una segunda generación. Los que buscaban funcionalidades extra, resistencia al agua y cancelación del sonido, aún esperaban un paso más allá.

A finales de Octubre, Apple nos hablaba de la existencia de unos nuevos auriculares inalámbricos, y se llamaban AirPods Pro. Se trata de la versión puesta al día de lo que en su momento fueron los míticos Apple In-Ear headphones, los hermanos mayores de los auriculares del iPhone, y en su momento del iPod. Esta nueva versión es tecnológicamente tan avanzada que si nos paramos a pensarlo, es increíble la evolución y miniaturización que hemos visto en la tecnología de los últimos años.

El diseño exterior combina de forma bastante eficiente este formato de los In-Ear después de pasar por la era de los AirPods: se adaptan a la forma de la oreja acortando su forma, siendo más discretos en la oreja pero no tan bonitos fuera de ella. Cuentan con una pequeña muesca en cada uno de ellos: es la nueva superficie táctil de interacción, que nos trae varios nuevos “combos” de toques.

Es algo que realmente llevaba esperando tiempo poder hacer: un toque para reproducir la música, dos toques para avanzar a la siguiente pista, tres toques para volver a la anterior. Si lo mantenemos pulsado, activamos o desactivamos la cancelación del sonido. Los “toques” no son configurables, pero sí que podemos cambiar las opciones de activación de la cancelación de ruido.

Sin embargo, para activar cada pulsación ahora tenemos que pellizcar con dos dedos esta zona de la muesca del auricular, cosa que no me gusta. Prefería mucho más el “toque” con un dedo al auricular, ya que ese pellizco ahora requiere de una atención extra para alcanzarlo y hacerlo que antes podíamos hacer simplemente dando un toque al AirPod (entrenando era mucho más cómodo antes). Las nuevas posibilidades de control son muy útiles, pero sigo echando también en falta un control de volumen de algún tipo (¿quizás táctil, deslizando hacia arriba o abajo en cada auricular?) más allá del que ya disponemos con Siri o con el Apple Watch.

El diseño de estos auriculares Pro son de tipo intra-auricular, y vienen con tres juegos de almohadillas de silicona suave intercambiables para adaptarlos mejor a nuestro canal auditivo. Los que vienen por defecto a mí me han servido a la perfección, pero en cualquier momento podremos cambiarlos por otros. Aunque ahora mismo no existan aún – o al menos yo no los he encontrado – estoy convencido que terceras marcas fabricarán nuevas “almohadillas” de diversos tipos para contentar a más usuarios. Las de Apple tienen una calidad muy buena y en apariencia parece que se ensucian muy poco y se limpian con facilidad.

El ajuste de las almohadillas es importante en estos AirPods Pro: el dispositivo ajusta el sonido de forma dinámica en tiempo real mientras los escuchamos, con lo que intenta “perder” el mínimo sonido posible. Desde su configuración (dentro de la “i” en la sección de dispositivos Bluetooth, teniéndolos conectados) podremos hacer una prueba de audición donde el iPhone medirá si los tenemos bien ajustados y la calidad del ajuste.

El uso de auriculares de almohadillas depende mucho de los gustos personales. A mí, nunca me han gustado. Tuve los In-Ear en su momento y apenas los usé porque me resultaban demasiado “duros” para llevar constantemente en el oído. No me ocurre con los AirPods Pro: las almohadillas son muy blandas y cortas, con lo que no hay necesidad de meterlos tan a fondo en el oído. Son fáciles de sacar y de poner, y te acostumbras sin problemas a usarlos casi de la misma forma que usamos los AirPods normales.

Me preocupaba un poco el uso al hacer deporte, pero de nuevo el material de fabricación es realmente muy ligero y – a mí – no me suponen un problema para entrenar durante una hora. Resistentes al sudor y al agua, luego también se pueden lavar con comodidad y más confianza que los AirPods. La sujeción aguanta una carrera de 45 minutos sin problemas.

Sin embargo, esto no quiere decir que a todos os funcionen de la misma forma: cada canal auditivo es distinto. En el caso de estos Pro contamos con tres posibilidades de ajuste con las almohadillas y el propio auricular y su forma mas compacta los hace más contenidos a la hora de llevarlos. Otro cambio que noté es que al no tener cable, no tenemos la sensación de esos tirones accidentales que en este tipo de auriculares son molestos. Ahora mismo, los estoy usando muchas horas al día y me siguen pareciendo cómodos, aunque lo mejor de este tipo de auriculares intra-auricular es probarlos en persona para averiguar si se adaptan correctamente a nuestros oídos ya que el ajuste no es tan “universal” como en unos AirPods normales.

El chip H1 está presente también en estos AirPods Pro y consiguen el mismo objetivo: gestionar todas las operaciones del dispositivo optimizando el flujo de energía entre los distintos subsistemas. Si en los AirPods 2 comenzamos a ver como contenía el consumo de batería, en los AirPods Pro tenemos que ponerlo aún más en valor: estos nuevos auriculares hacen más de 200 ajustes del sonido por segundo cuando tenemos la cancelación de sonido activada, y cuenta con más sensores (el micro interior, por ejemplo) que gestionar.

Una de las principales novedades es precisamente esta cancelación de sonido activa: se basa en la neutralización del sonido exterior cuando el sonido interior se procesa. Por si nunca habéis probado unos auriculares con esto, es como “si le bajarais el volumen a la vida”. De repente, todo se silencia. Jamás llegaremos a conseguir ruido cero, pero los resultados para ser unos auriculares tan pequeños son sorprendentes.

Los he probado en todo tipo de situaciones: por una ruidosa calle transitada de Barcelona, en el metro, en el tren. En una reunión telefónica de trabajo. La cancelación de sonido trabaja junto con la ecualización dinámica del audio y hace que se potencia el sonido tal como lo escuchamos anulando con un espectro neutro el sonido exterior. Con ello, eliminamos ruido, afinamos las frecuencias medias y bajas y el sonido que tenemos dentro de la cabeza es muy limpio.

Esto es importante para escuchar música o podcasts, pero también si soléis llamar mucho por teléfono: ya no tendréis que preocuparos si lo hacéis desde un aeropuerto o una estación de tren por el ruido exterior y claridad de sonido interno. Se consigue también gracias al amplificador de alto rango dinámico, controlado siempre por el omnipresente H1. Quizás hubiera sido algo redondo la inclusión también del chip U1 presente ya en los iPhone 11, para encontrar estos Pro en interiores con precisión perfecta, simplemente apuntando y siguiendo las indicaciones del teléfono.

Uno de los problemas más importantes de la cancelación del sonido se ha solventado con el Modo Transparencia: el mismo sistema de procesamiento que neutraliza con una señal antirruido el exterior, se encargará de recogerlo y enviárnoslo al interior después de un procesado previo. Los AirPods Pro actúan como filtro y podremos escuchar música o atender a llamadas sin perder “de oído” el mundo exterior. Indispensable que lo utilicéis sobre todo si estáis haciendo deporte en calles transitadas, para evitar cualquier posible accidente.

La gestión energética conseguida con el chip H1 combinado con el resto de los sensores y la mayor demanda de proceso para la cancelación de sonido hacen que se reduzca en media hora la duración de la batería si tenemos la cancelación de sonido activada siempre (4,5 horas). Si usamos el Modo de Transparencia, llegamos hasta las 5 horas aproximadas. El estuche mantiene exactamente la misma batería que conocemos y en combinación, alcanzaremos las 24 horas sin cargarlos (por cable, o de forma inalámbrica utilizando el estándar Qi).

Para mi, los AirPods son algo imprescindible en mi vida desde 2016. No sólo me aportan comodidad y versatilidad, creo firmemente que es uno de los mejores productos que la compañía ha desarrollado en los últimos años. Estos AirPods Pro llevan ese concepto más allá y las mejoras como la cancelación del sonido, la resistencia al agua, sudor o la ecualización activa presentan una mejora importante en el día a día si somos usuarios hardcore de ellos: aquí es donde os deberíais plantear la compra de unos Pro.

Son muy útiles ya no sólo por la calidad del sonido, también por la integración en el ecosistema de Apple y la claridad en las llamadas con cancelación de sonido – cosa que realmente ya justifica su compra si solemos utilizarlos mucho para ello. Personalmente me han resultado cómodos para ser este tipo de auriculares (me sorprendió esto, aunque siempre recomendaré probarlos antes para ver si se ajustan correctamente a nuestro canal auditivo) y me gusta la idea de llevar más lejos el concepto original de los AirPods con funcionalidades claras y útiles para el día a día. También por aquello de bajarle el volumen a la vida, subir la música, y dejarnos llevar… estemos donde estemos.